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domingo, 3 de febrero de 2013

Quinta derrota en Liga BBVA, Granada 1 - Real Madrid 0

Ya son cinco los partidos perdidos por el Real Madrid esta temporada (la sangría es de 15 puntos perdidos a falta de 17 jornadas para acabar), y ya suman cinco las acusaciones de Mourinho en rueda de prensa tras las derrotas. El es el máximo responsable; lo es (por su cargo) y lo dice cuando se le pregunta, pero con una facilidad pasmosa disocia perfectamente responsabilidad de culpabilidad.

Él nunca es culpable, parece Felipe II cuando envió a la Armada Invencible a invadir Inglaterra y tras la derrota declaró con gran arrogancia: «yo no envié mis naves a luchar contra los elementos (meteorológicos)». La realidad es que la derrota de la Armada fue producto de una muy mala estrategia por parte del propio Rey haciendo caso omiso de las recomendaciones de don Alvaro de Bazán, Almirante de Castilla, y no de la meteorología, pero eso es otra historia. La que nos ocupa tiene que ver con un entrenador que siempre ve «elementos» (en este caso no meteorológicos) que le alteran su estrategia y le llevan a la derrota.

Tras la derrota en Los Carmenes acusó a los jugadores de estar cansados distinguiendo los que jugaron contra el Barça de los que no: justificando a aquellos de estos últimos, a los que señalo con el dedo, además de quejarse de que el Barça jugase el domingo y el Madrid el sábado. Quejas y quejas sobre «elementos» ¿ajenos a su responsabilidad? No estamos hablando de un equipo cualquiera, hablamos del Real Madrid. La mejor plantilla del mundo y el mejor entrenador del mundo.

El mejor entrenador del mundo debería dotar a la mejor plantilla del mundo de recursos propios que no estén basados exclusivamente en la forma física, cuando esta falta, y es evidente que falta, el equipo que salga al campo debería descansar y recuperar la forma sobre la base de tener el balón y hacer correr al rival tras él para así aprovechar las ocasiones generadas con el desplazamiento del esférico. Pero la realidad es que el equipo solo sabe jugar con intensidad, con velocidad y eso solo funciona estando al 200% como la pasada temporada. A la plantilla, que es ganadora, se le ocurre, sobre la base de la alineación del entrenador tratar de adaptar las instrucciones a sus verdaderas características, tomando decisiones libremente ajenas al entrenador para sacar el partido adelante, hablamos de la autogestión, pero eso no siempre funciona, depende de los hombres que el míster pone en el campo.

Además se da la circunstancia que hay equipos que han aprendido a jugarle al Madrid, aprovechan sus ocasiones y se cierran bien atrás como hizo el Granada, evidenciando una total y absoluta falta de recursos por parte del equipo blanco. Mientras tanto el mejor entrenador del mundo justifica la derrota echando la culpa a los «elementos».

Éste Madrid de Mourinho deambula por la Liga BBVA con más pena que gloria, se agarra a solo media asa de la Copa del Rey con la punta de los dedos con un pobre bagaje: muy poco fútbol, intensidad motivada por la categoría del rival y una campaña de desprestigio a Messi, y espera la llegada de un Manchester, que empieza a asomar por el horizonte, con la esperanza de dar la campanada. Agarrémonos con uñas y dientes a la autogestión, solo los jugadores nos pueden sacar de ésta.

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