Ya son
cinco los partidos perdidos por el Real Madrid esta temporada (la
sangría es de 15 puntos perdidos a falta de 17 jornadas para
acabar), y ya suman cinco las acusaciones de Mourinho en rueda de
prensa tras las derrotas. El es el máximo responsable; lo es (por su
cargo) y lo dice cuando se le pregunta, pero con una facilidad
pasmosa disocia perfectamente responsabilidad de culpabilidad.
Él
nunca es culpable, parece Felipe II cuando envió a la Armada
Invencible a invadir Inglaterra y tras la derrota declaró con gran
arrogancia: «yo no envié mis naves a luchar contra los elementos
(meteorológicos)». La realidad es que la derrota de la Armada fue
producto de una muy mala estrategia por parte del propio Rey haciendo
caso omiso de las recomendaciones de don Alvaro de Bazán, Almirante
de Castilla, y no de la meteorología, pero eso es otra historia. La
que nos ocupa tiene que ver con un entrenador que siempre ve
«elementos» (en este caso no meteorológicos) que le alteran su
estrategia y le llevan a la derrota.
Tras
la derrota en Los Carmenes acusó a los jugadores de estar cansados
distinguiendo los que jugaron contra el Barça de los que no:
justificando a aquellos de estos últimos, a los que señalo con el
dedo, además de quejarse de que el Barça jugase el domingo y el
Madrid el sábado. Quejas y quejas sobre «elementos» ¿ajenos a su
responsabilidad? No estamos hablando de un equipo cualquiera,
hablamos del Real Madrid. La mejor plantilla del mundo y el mejor
entrenador del mundo.
El
mejor entrenador del mundo debería dotar a la mejor plantilla del
mundo de recursos propios que no estén basados exclusivamente en la
forma física, cuando esta falta, y es evidente que falta, el equipo
que salga al campo debería descansar y recuperar la forma sobre la
base de tener el balón y hacer correr al rival tras él para así
aprovechar las ocasiones generadas con el desplazamiento del
esférico. Pero la realidad es que el equipo solo sabe jugar con
intensidad, con velocidad y eso solo funciona estando al 200% como la
pasada temporada. A la plantilla, que es ganadora, se le ocurre,
sobre la base de la alineación del entrenador tratar de adaptar las
instrucciones a sus verdaderas características, tomando decisiones
libremente ajenas al entrenador para sacar el partido adelante,
hablamos de la autogestión, pero eso no siempre funciona,
depende de los hombres que el míster pone en el campo.
Además
se da la circunstancia que hay equipos que han aprendido a jugarle al
Madrid, aprovechan sus ocasiones y se cierran bien atrás como hizo
el Granada, evidenciando una total y absoluta falta de recursos por
parte del equipo blanco. Mientras tanto el mejor entrenador del mundo
justifica la derrota echando la culpa a los «elementos».
Éste
Madrid de Mourinho deambula por la Liga BBVA con más pena que
gloria, se agarra a solo media asa de la Copa del Rey con la punta de
los dedos con un pobre bagaje: muy poco fútbol, intensidad motivada
por la categoría del rival y una campaña de desprestigio a Messi, y
espera la llegada de un Manchester, que empieza a asomar por el
horizonte, con la esperanza de dar la campanada. Agarrémonos con
uñas y dientes a la autogestión, solo los jugadores nos
pueden sacar de ésta.
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