Al
final no pudo ser, el Madrid se quedó a las puertas de la gloria
¿que le faltó al equipo blanco para tocar el cielo? lo de siempre,
lo que le viene faltando desde que Mourinho llegó al club... FUTBOL,
así con mayúsculas. Cierto es que en épocas anteriores también le
faltaba fútbol, épocas en las que no ganaba o cuando lo hacía (en
las competiciones domésticas) le bastaba con su enorme pegada.
Lo que
ocurre es que nos vendieron, nos intentaron convencer, que Mourinho
venía para desbancar al F.C. Barcelona (el Barça, no nos engañemos,
se ha desbancado solo), para marcar una época, para devolver la
hegemonía al club y lo único que ha traído es mucho ruido y mucha
crispación para instaurar y defender un estilo de fútbol que el
Madrid no necesitaba; el contragolpe. Y hay que decir que lo ha
convertido en el mejor equipo del mundo en practicarlo, lo bordan;
gracias a su revolucionario sistema de entrenamiento, la
Periodización Táctica, todo
un acierto.
Pero
el contragolpe por si solo no sirve a determinados niveles. Tener la
mejor plantilla del mundo solo le ha servido para enmascarar la
verdadera realidad, donde no llegaba el contragolpe llegaba la
pegada. Hasta que enfrente tienes un rival que mueve el balón, que
se lo queda, que ocupa espacios, que presiona la salida del balón,
que ahoga tus líneas de pase, que aísla del equipo a Xavi Alonso...
en definitiva que tiene fútbol y que juega al fútbol, entonces
aparecen los problemas. Barça en la primera semifinal, Bayern de
Múnich el año pasado y Borussia de Dortmund ésta, dan fe de ello.
Mourinho
ha construido un equipo para defender por acumulación (se le ha
visto, en partidos contra el Barça a Alonso entre los centrales y a
Di María a la izquierda del lateral zurdo ¡6 en línea atrás!),
robar y correr como lobos hacia portería rival condicionándolo todo
a un último pase sobre Cristiano y que éste resuelva (de ahí sus
récords de goles).
Anoche
en el Bernabeu todo era perfecto, el público entregado, el estadio
lleno como una caldera a presión, hasta Howard Webb, juez de la
contienda, estaba entregado a la remontada (Ramos puede dar fe
de ello). El Madrid salió con presión, volcado sobre el área
rival, Higuaín, Cristiano y Özil tuvieron el empate de la
eliminatoria en sus manos al cuarto de hora, pero si las finales se
ganan, las ocasiones se meten o pagas, es ley del fútbol.
Sergio
Ramos, capitán anoche del equipo blanco, represento a la perfección
la fuerza, la determinación y la entrega que hay que tener en
partidos como este, recordando tiempos pasados, gloriosos y nunca
olvidados. Remontadas pasadas que el Madrid superaba con todo lo
dicho y con fútbol, sobre todo con fútbol. Pero anoche el Madrid no
consiguió dominar en ningún momento al Borussia, hubo fases del
partido que el equipo alemán ni siquiera encontraba oposición y
«vivía tranquilo», los blancos no presionaban, no elaboraban y el
tiempo pasaba hasta que llegaron los cambios. A la desesperada, las
incorporaciones desequilibraron el equipo hacia delante, con todo
perdido y el partido acabando, el Madrid se volcó sobre la portería
alemana sin fútbol y sin pegada, solo quedaba apelar a la épica, al
corazón de los jugadores, al escudo. Y la épica, sin fútbol y sin
pegada a punto estuvo de hacernos tocar el cielo. Esa es la grandeza
del Madrid.
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