La
liga parece ya decidida, desde distintos mentideros se señala con el
dedo a vencedores y vencidos, pero sólo el resultado señala
claramente al vencedor.
Y es
que el sábado por la noche en el Nou Camp un equipo audaz calculo
mal sus fuerzas; arriesgó y perdió, y un equipo conservador aplicó
la ley del mínimo esfuerzo y se llevo los tres puntos.
El
equipo audaz, el Barça, planteó un partido a priori arriesgado,
pero con dinamismo, perfectamente asumible, el problema fue el
excesivo cansancio algo con lo que Pep no contaba.
El
3-4-3 del Barça implicaba mucho movimiento entre líneas y desbordes
de sus extremos, pero en el Barça no se movía nadie, el cansancio
acumulado agarrotaba las piernas y las ideas. Messi sin oxígeno era
incapaz de encarar con garantías y si el argentino no se mueve,
nadie se mueve.
Enfrente
el Real Madrid tenía las ideas muy claras. Línea de cuatro bien
firme y por delante los dos pivotes defensivos siempre atentos a las
ayudas, como diría alguno, «con defensa de seis».
Arriba Özil, el lanzador, y tres más dispuestos a salir como
flechas a la portería de Valdés.
En
seguida, a balón parado, la evidencia se paseó por el área
blaugrana. En el lanzamiento de un corner, el balón tras una gran
mano de Valdés queda muerto a los pies de Puyol, que duda unos
instantes si sacarla o dejar que Valdés la bloque, instantes en los
que un hombre lento y poco talentoso como Khedira tiene los reflejos
necesarios para meter la puntera y empujar al fondo de la portería
ante el asombro de Puyol y Valdés que no se creen el «robo
de cartera» que el alemán les
acababa de hacer.
Con la comodidad que da el gol y lo bien posicionados que estaban
atrás, el Madrid espera a que el Barça cometa un error para salir
al contragolpe. El Barça por su parte parecía que sus balas eran de
fogueo, sólo Tello creaba algo de peligro por su banda, pero al no
moverse nadie en el Barça, la posición de nueve blaugrana (posible
destino de los balones de Tello) quedaba desierta, plácido lugar del
que disfrutaban los centrales blancos solo preocupados por vigilar la
espalda de sus mediocentros.
La salida de Alexis dio un vuelco al dibujo del Barça y por
acumulación apareció un nueve entre los centrales blancos lo que
provocó su nerviosismo; un minuto tardó Alexis, en posición de
nueve, en agujerear la meta blanca dejando en evidencia la fragilidad
de la zona. Pero esto también provoco el desequilibrio catalán, del
3-4-3 pasaron al 3-3-4.
Menos gente en el centro del campo blaugrana y más cansados propició
el magnífico pase de Özil sobre Cristiano. Esta es la muestra, por
mucho que se empeñe Mourinho, de que el juego de Özil no es correr,
es pasar y dar balones de gol como el que le dio al portugués que
solo tuvo que hacer lo que mejor sabe.
Fin de la historia, el Madrid por fin gana en el Nou Camp, ha hecho
falta que el rival no esté en su mejor momento de forma para poder
verlo, no sabemos si con el Barça en plenas facultades lo hubiera
conseguido, yo creo que no.
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